Wu wei o no-fer

En el límit, no significa que els cicles de la natura on destaca la preeminencia humana tendeixen a degradar-se?

En el límit, no significa pura recol.leció (no esquilmació) com a mètode per sustentar la vida?

No-saber, per tant no-fer, que és fer tot el possible per integrar-se en el flux del devenir.

Capture

Ens diuen desde http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2013020101

“En efecto, la agricultura natural no necesita maquinaria, ni productos químicos y precisa de muy poco desyerbe. Fukuoka no labra el suelo, ni utiliza compost. No retiene el agua en sus campos de arroz. Sin embargo, sus rendimientos se equiparan a los de las explotaciones japonesas más productivas. Su método requiere menos labor que cualquier otro. No causa contaminación. Y su producción es aproximadamente la misma que se obtiene según el método tradicional o el método moderno. Los tres métodos dan rendimientos similares, pero difieren marcadamente en su efecto sobre el suelo, el agua, la biodiversidad, el entorno y la gente. Digamos que la diferencia estriba en que Fukuoka practica la agricultura cooperando con la naturaleza, en lugar de tratar de mejorarla o modificarla. A esto denomina Fukuoka la agricultura del no-hacer

El no-saber

El no-hacer supone el no-saber. Fukuoka piensa que “La humanidad no sabe nada en absoluto”; sabemos cosas puntuales y relativas. Fukuoka sostiene “que no hay valores intrínsecos en nada”; los valores, a lo mejor, son sólo efectos de una interacción. Fukuoka remata sentenciando que, como “cada acción es un esfuerzo fútil, sin sentido (…) en este mundo no hay nada en absoluto”. Queda patente la diferencia entre Oriente y Occidente; entre el Tao y la Metafísica. “No comprender nada” en este sentido es, para nuestro farmer, reconocer la insuficiencia del conocimiento intelectual. “Pude ver que todos los conceptos sobre los que me había apoyado, incluso de la misma noción de existencia, eran fabricaciones vacías”. Todos los místicos de Occidente piensan lo mismo.

Hacia una agricultura del No-hacer

Fukuoka: “Yo estaba apuntando hacia un método de hacer la agricultura agradable, natural, que condujese a hacer el trabajo más fácil en vez de más pesado. Finalmente llegué a la conclusión de que no había necesidad de arar, ni de aplicar abono, ni de hacer compost, ni de utilizar pesticidas. Cuando se profundiza en ello, pocas prácticas agrícolas son realmente necesarias”. Iluminación que se puede extender a otros dominios de la realidad.

La razón por la que la tecnología parezca necesaria, se debe, según Fukuoka, a “que el equilibrio natural ha sido alterado, tan gravemente y de antemano por estas mismas técnicas, que la tierra se ha hecho dependiente de ellas”. Esta línea de razonamiento, Fukuoka la extiende a otros aspectos de la sociedad humana. Los médicos y las medicinas, por ejemplo, se vuelven necesarios cuando la gente crea un ambiente patógeno. La escolarización formal se convierte en necesaria cuando la humanidad crea unas condiciones en las cuales “uno debe tener educación” para salir adelante. “¿Cual es el modelo natural?”, se pregunta y responde: “En la medida en que la sociedad humana se separa a sí misma de una vida próxima a la naturaleza, la instrucción escolar se hace necesaria. En la naturaleza, la instrucción formal no tiene sentido”. Por aquí, en los Sesenta, Iván Illich fatigaba el mismo sendero.

Tal vez un ejemplo agronómico ilustre mejor su idea. “Si una sola yema de un árbol frutal es cortada con unas tijeras esto puede provocar un desequilibrio que no podrá ser corregido. Cuando las ramas crecen de acuerdo con su forma natural, se extienden alternativamente alrededor del tronco y las hojas reciben uniformemente la luz solar. Si se rompe la secuencia las ramas entran en conflicto, se ponen unas encima de otras se enredan, las hojas se marchitan en los lugares en los que el sol no puede penetrar. Esto da origen a que los insectos causen daños. Si el árbol no se poda el año siguiente todavía aparecerán más ramas secas”.

Lo mismo, pues, pasa en la sociedad cuando se interfiere en el ciclo natural. La ciencia es el gran invento para interferir en esta regularidad. Fukuoka ironiza poniendo el ejemplo de un científico que se ha vuelto miope investigando. “Si te preguntas en qué ha estado trabajando todo el tiempo, ves que era para convertirse en un inventor de lentes correctores de la miopía”. Esta paradoja constituye la realidad de los pueblos que dejaron o fueron arrojados del Jardín. En toda pérdida se esconde una ganancia; toda ganancia entraña una pérdida. Sin ese antagonismo no sería posible el equilibrio; el precario equilibrio. Un equilibrio perfecto equivale a la muerte.

Regresando a la fuente

“Hace mil años se practicaba en el Japón la agricultura, sin arar la tierra y no fue hasta la Era Tokugawa, hace 300-400 años, que se introdujo el laboreo superficial. El laboreo profundo llegó al Japón con la agricultura occidental”.

Cultivar, pues, un campo sin labrarlo pareció, al comienzo, como un retroceso pero, con el tiempo, este método demostró, en laboratorios universitarios y centros de experimentación agrícola, ser el más simple, eficiente y actual de todos los métodos. Pocos, sin embargo, son capaces de comprender que la agricultura natural “surge del centro inmóvil e incambiable” del cultivo de la tierra. En la medida, empero, “en que la gente se separa de la naturaleza, gira más y más lejos de este centro”. Ahora bien, siguiendo la filosofía del Tao, esa misma fuerza centrífuga contiene un efecto centrípeto y se origina, así, ahora, “un deseo de retornar a la naturaleza”. La verdad es que siempre vamos a querer, simultánea y contradictoriamente, salir y regresar a la naturaleza. Ahora bien, la naturaleza no cambia. Lo que va cambiando es nuestra manera de entenderla.”

Wu wei com a filosofia:

“Desde la Ilustración, se da por buena la hipótesis de la dialéctica, según la cual sólo se mejora una situación reaccionando ante ella y forzando una nueva realidad, cueste lo que cueste.

Para el taoísmo, sin embargo, se puede actuar ante la realidad sin forzarla (concepto “wu wei“), entendiendo el “camino” de las cosas. De este modo, se puede “promover el orden” pero no “oprimir”, encontrar el equilibrio entre la acción propia y la que nos rodea, o “acción decreciente”.

“No acción”: sobre la fuerza del agua

Una corriente contemporánea se ha servido, desde los trabajos de Carl Gustav Jung sobre “sincronicidad” entre el individuo y lo que le rodea, del concepto taoísta “wu wei”, muy cercano a la idea de “virtud” la filosofía clásica, para exponer el cultivo individual como la principal fuerza para la autorrealización, tanto la propia como la de otros, manteniendo un equilibrio con personas y recursos.

El taoísmo compara el “wu wei”, o “no acción”, con la naturaleza pasiva y a la vez perseverante del agua de un río. El agua es, en apariencia, débil y delicada, pero su fuerza erosiona poco a poco la roca más sólida.

A diferencia de los materiales sólidos, el agua no tiene voluntad, decían los primeros taoístas, pero ello le permite llenar cualquier recipiente y tomar cualquier forma, así como buscar el más mínimo resquicio para escurrirse.

¿Se pueden superar injusticias sin dialéctica acción-reacción?

Usando los mismos principios de “acción decreciente” -o perseverancia no revolucionaria-, capaz de transformar el fondo de las cosas sin recurrir a revoluciones, pogromos, cazas de brujas, gregarismos totalitarios, el individuo se hace más sabio, al haber aprendido a contemplar, aprender y fluir con el “tao”, el camino medio natural o armonía.

Es así cómo cualquiera, decía el taoísta Zhuangzi (siglo IV a.C., considerado un precursor del anarquismo y el libertarismo), puede alcanzar la “clarividencia”, un estado equivalente al concepto de autorrealización que, bajo distintas nomenclarutas, aparece en el pensamiento socrático (eudemonismo, estoicismo, etc.), budismo (nirvana), budismo zen (satori), religiones abrahámicas, etc.

Para los partidarios de la “no acción” o “wu wei”, un estado injusto de las cosas no puede superarse con un movimiento de reacción que fuerce la realidad e imponga un nuevo tipo de desequilibrio, que perjudique a los que antes eran beneficiados y beneficie a los antes perjudicados.

Según esta idea, las prácticas a lo Robin Hood sólo crearían, a la larga, nuevas injusticias y desavenencias, alertando contra la demagogia y el populismo.

Explicar lo sutil en una realidad rápida y de trazo grueso

Pero la “no acción” tiene un problema fundamental: es imposible aplicar el concepto a corto plazo, ni se puede imponer a quienes no comprendan sus principios, ya que confundirían “no acción” con no hacer nada.

Y el “wu wei” no equivale a inmovilismo, sino a búsqueda de la virtud propia (clarividencia, felicidad, bienestar, como queramos llamarlo). Nuestro comportamiento es lo primero que está en nuestras manos cambiar, para después proyectarlo y contribuir a un cambio más profundo.

El cambio no exaltado, a fuego lento, no ha sido diseñado para la era de la interrupción constante, la apelación de los impulsos y la dialéctica de la gratificación instantánea.

Por el contrario, las actitudes que emulan el juicio popular en la plaza pública se suceden, como en las épocas más oscuras de la Edad Media e inicios de la Ilustración, cuando observar el castigo a ladronzuelos era el espectáculo más popular y aglutinador en lugares como el Londres de inicios de la Revolución Industrial.

Según la dialéctica de las teorías conspirativas, hay que perseguir a “Los Malos” hasta sus casas.

Recuperando el arte de promover en vez de castigar

Pero no todo el mundo está interesado en estimular glándulas salivares e instintos de la zona más primitiva de nuestro cerebro con ceremonias de expiación y relatos simplificados de una situación o acontecimiento.

Por ejemplo, el interés por el “wu wei” y el pensamiento de Zhuangzi se ha acrecentado en los últimos años, con herramientas como Internet -cuyo esquema descentralizado y libertario apela a las descripciones de promover un comportamiento en lugar de oprimir, invitar en lugar de forzar, apelar a la responsabilidad individual en lugar de legislar sobre cualquier parcela de la vida, por pequeña y privada que sea-.

Del principio “wu wei” surgen las ideas trascendentalistas que Ralph Waldo Emerson y Henry David Thoreau expusieron en el siglo XIX, y que tanto influyeron a Lev Tolstói, Mohandas Gandhi o Martin Luther King Jr., entre otros”

Es pot llegir més a http://www.faircompanies.com/blogs/view/wu-wei-no-accion-como-metodo-para-mejorar-la-realidad/

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